martes, 3 de diciembre de 2013

Pensamientos post infarto de AMLO


Yo ya me había despertado inquieta, con una molestia muy presente y muy ignorable, en estos últimos días, por saber que el viernes venderían una insignia del país, de mi país, con el primer presidente que me ha tocado que me cobre impuestos.
Siempre fui fan de Amlo… sí, lo acepto, soy su fan. No es como cuando era fan de Hanson, no, es distinto. No es sólo que le siga, que lea lo que se dice de él, que me sienta identificada con mucho de lo que dice, es que además, sí, sí… lo admiro.
Admiro dos cosas. La primera vez que lo admiré fue en 2006, cuando creíamos que iba a ganar. Es que él creía que iba a ganar. Recuerdo las estampitas para los coches que decían “sonríe, ya ganamos”. De Calderón nadie sabía un carajo.
Era una marcha contra el desaforo, viajamos de puebla al DF para hacer nuestro trabajo final de documental sobre esa marcha. Nos apostamos en el Ángel y lo vimos desde arriba, rodeado de gente, pero no de 15 o 20, sino de miles, hordas de gente a su alrededor, apoyándolo.
A mí me impresionó mucho. Le dije a Sol que más valía que cumpliera sus promesas porque si no le iba a romper el corazón a toda esta gente. Recuerdo a mujeres de más de sesenta años marchando, diciendo que estaban ahí porque creían que era la mejor opción para el futuro de sus hijos. Recuerdo las figuras hechas de papel maché con la forma de Fox, de Salinas, hechas especialmente para la marcha, para quemarlas en la marcha.
Y luego lo admiré cuando le robaron la elección. Cuando el plantón de Reforma fue la primera vez que estuve absolutamente segura de apoyar una causa política en toda mi vida. Todo el rollo que se armó me parecía incluso contenido. Yo me esperaba Troya. Se habían robado una elección, en nuestra cara, no lo íbamos a permitir como los grises de nuestros padres. Toma el dulce, ¡no es cierto!. Ni un solo balazo, ni un solo muerto… ¿de qué estábamos hechos?
Y luego pasaron todas nuestras peores pesadillas, un derechista en la silla, cien mil muertos, cien Xalapas completas, muertas, asesinadas… y otra vez el año pasado.
Me siento robada de la posibilidad de tener un poder al cual apelar, al cual hacer críticas, con el cual dialogar. Yo no esperaba que Amlo fuera perfecto, pero carajo, sabía dentro de mí que era alguien a quien yo respetaba. Ahora ¿de qué sirve rebelarse contra un imbécil?
¿Cómo dialogar con alguien del que no esperas nada? Alguien tan vacío, tan pletórico dentro de su máscara de cargo público?
Y hoy le da un infarto a amlo. En la víspera de la venta del petróleo. No es que sea grave que vendan el petróleo, el petróleo es eso, petróleo. Es lo que significa, el vacío, la negrura de expectativas, la falta de plan y la abundancia de codicia.
Por poco lloro pensando ¿y si se muere qué? ¿ya nos chingamos? ¿oooooootra vez? Pero… ¿nos chingaron ya de todos modos? ¡Por suerte no se murió! Vaya reto de lógica aristotélica y una sin tiempo para pensar, a penas el tiempo suficiente para ver la vida pasar.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Cosas que me tienen harta

- El Halloween 
- el fútbol 
- el PRI, el PAN, el PRD, el p lo que sea. 
- La ausencia de complejos de la gente para preguntarme cuándo voy a tener hijos. 
- Miley Cyrus

martes, 12 de febrero de 2013

Reclamo de una Papisa

Como ya todo el mundo lo sabe, renunció el papa. Como todo el mundo ha notado, no hay periódico o espacio mediático que no hable del tema, y lo que falta. Hoy al hacer mi recorrido rutinario por la prensa y las redes me encontré con varios tuits y retuits de Alejandro Jodorowski reivindicando el advenimiento de una papisa, incluso convocando al público en general a realizar un performance psicomágico para que esto se haga una realidad, seguido de muchas respuestas de mujeres apoyando la propuesta.
Este es un nuevo ejemplo de igualdad malentendida que tiene como consecuencia directa el desprestigio del feminismo. Creer que la solución para la desigualdad entre mujeres y varones se arregla con poner a la cabeza de las instituciones hegemónicas a una mujer es un enorme error, casi tan ingenuo como creer que tener a una mujer en la presidencia de un país es signo inequívoco de equidad o de democracia.
Lo deseable es que cada vez más mujeres ocupen puestos de toma de decisiones, sí. Pero estaremos hablando de igualdad únicamente cuando sea igual de seguro para una mujer que para un varón salir a la calle, mostrar el cuerpo, decir lo que piensa y actuar como le dicte su conciencia.
Si bien la crítica feminista y progresista hacia la iglesia católica ha sido siempre que ésta en su estructura y su mitología otorga las posiciones de poder, de prestigio y de toma de decisiones a varones –y solo a un tipo específico de varón, y para muestra la profecía de que un papa negro sería el fin del mundo-  la reivindicación por la igualdad en un sentido amplio está orientada a la legitimación y puesta en práctica de otras formas de organización social y de reparto tanto de la riqueza como del poder, una que reconozca y celebre la diferencia y la pluralidad.
No es poco común encontramos ante la presencia de mujeres que ostentan el poder reproduciendo prácticas patriarcales como la violencia psicológica o económica contra empleados y empleadas o el desprestigio de colegas mujeres por razones ajenas a lo laboral. Son incontables las mujeres que desde altos cargos administrativos, sociales o políticos contribuyen a continuar los estereotipos de género, ubicándose ellas mismas como mujeres-mujeres, declarándose no feministas, o enarbolando la bandera de la causa de la igualdad con soluciones como abrir más guarderías para las madres trabajadoras, o dar subsidios a las mujeres que encabezan una familia.
Por hablar de algo reciente, tenemos el caso de las monjas que robaron bebés recién nacidos a cientos de mujeres en hospitales españoles durante el franquismo, cuya estrategia fue decir a la madre que su bebé había muerto. La mayoría de estas monjas salió impune.
La iglesia católica, esa institución que carga todo el peso de los males de la humanidad sobre las mujeres, que defiende la vida desde la procreación aun cuando la madre tenga menos de 15 años de edad, que culpa a las mujeres maltratadas o asesinadas de su propia suerte, que prohíbe el uso del condón, que defiende a capa y espada un único modelo de familia –y por lo tanto un único modelo de amor- que instruye como modelo para las mujeres a una adolescente que parió siendo virgen. ¿Sabemos de verdad lo que estamos diciendo al reclamar que una mujer esté a la cabeza de una institución como esta?

* Artículo publicado en Píkara Magazine http://www.pikaramagazine.com/2013/02/reclamo-de-una-papisa/

domingo, 25 de marzo de 2012

Reflexiones para una Comunicología Feminista


Al observar el recorrido histórico del feminismo podemos notar la evolución de las reivindicaciones de las mujeres, cómo estas se han ido transformando y enriqueciendo conforme hemos sido capaces de incorporar la problematización de la opresión de manera que se ha construido un discurso teórico que es capaz de cruzarse con las distintas disciplinas académicas y ramas del conocimiento sosteniendo como la gran constante su impronta política, el principio de la voluntad de transformación del sistema opresor desde la raíz.
La comunicación, por otra parte, es el campo desde el cual yo me he formado. Otra rama del conocimiento que comúnmente es presentada como ambigua, irrelevante y poco seria, se le asocia frecuentemente con aquello que hay que saber para gestionar o aparecer en los medios, procesos técnicos, herramientas de manejo del lenguaje o desarrollo de habilidades sociales orientadas a los reflectores, las cámaras, el mundo audiovisual.
Pocas veces se repara en la razón de ser de lo comunicológico. Es esta una disciplina ciertamente reciente. Las universidades incorporaron a sus currículas la comunicología en la segunda mitad del siglo XX, como resultado de la necesidad de estudiar las nuevas maneras de circulación de formas simbólicas que trajo consigo la modernidad. La comunicología nace ya como una tarea interdisciplinaria que extrae de las demás el acento en la característica que define a los seres humanos: lo simbólico, la capacidad humana de nombrar al mundo y darle a cada cosa significados diversos. La comunicación es el fenómeno de la circulación e interpretación de los mensajes, que tienen como materia prima a los signos, a partir de los cuales se teje la infinita red de representación de aquello que somos, o aquello que creemos que somos. La comunicación es el resultado de nuestras interpelaciones al mundo.
            Mi interés académico radica precisamente en este punto de contacto entre el feminismo y fenómeno comunicativo. En la razón de ser de los discursos que generamos y los que recibimos, en cómo se articula la representación de nuestras relaciones sociales y en cómo los mensajes y discursos llegan a ser herramientas de control, de legitimación de hegemonías, o bien de revolución de las ideas.

La Representación
El concepto de representación puede definirse como hacer presente algo, ideas o cosas con figuras, palabras o símbolos, se trata del acto de sustituir algo o a alguien mediante un acto material o inmaterial. Presentar una segunda vez algo, con medios distintos. La representación es, por lo tanto, un proceso que descansa sobre la capacidad humana de metaforizar la realidad, de elaborar alegorías.
La representación siempre es portadora de un significado asociado que le es inherente. Al ser formulada por sujetos sociales, no se trata de una simple reproducción sino de una complicada construcción en la cual tiene un peso importante, además del propio objeto, el carácter activo y creador de cada individuo, el grupo al que pertenece y las constricciones y habilitaciones que lo rodean.
Podemos decir que en cierta forma, la historia del feminismo es la historia de la representación de las mujeres. En una primera instancia, se trató sencillamente de señalar aquello que generaba un prejuicio sobre la inferioridad de las mujeres. El feminismo del siglo XIX se ocupó de reunir un andamiaje argumental sacado del propio discurso hegemónico que permitiera reformular la tradición y la costumbre, de manera que se reconociera la igualdad de las mujeres al menos en aspectos marcados por la tradición corriente como el alma, la moral o su importancia como generadoras de una ciudadanía “de bien”, apelando a la maternidad como vehículo de aportación a la sociedad, de justificación del merecimiento de la protección de las leyes.
Las leyes son el mejor ejemplo de aquello que alcanza un nivel de legitimidad tan alto que es obligatorio. La ley es un contrato en el que se expresa aquello que es prioridad para los pueblos, el balance ético que prima en las relaciones sociales, una de las representaciones más fieles de la hegemonía de las ideas.
Resulta muy interesante que los primeros intentos de las mujeres de representarse como iguales hayan tomado como base el discurso legal. Algunos ejemplos: la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana de Olympe de Gouges, la Declaración de Sentimientos de Séneca Falls, podemos incluir también la Vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft que, aunque no se trata de la re escritura en femenino de una ley pre existente, es una respuesta crítica al recién estrenado discurso moderno y su falta de reconocimiento de la posición social de las mujeres, por decirlo de otro modo, la falta de representación de las mujeres en el discurso socio-político de la modernidad.
La contra propuesta a este primer feminismo liberal y burgués viene de Sojournier Truth, y se trata también de una defensa de la representación de otro tipo de sujeto social: las mujeres negras. El gran eje argumental de Sojournier truth fue señalar cómo el discurso feminista que circulaba en ese momento dejaba de lado las problemáticas y las opresiones de las afrodescendientes. Fue esta una primera crítica a la generalización dentro del propio feminismo, precisamente porque no alcanzó a representar más que a un sector reducido de mujeres.
Las consecuentes manifestaciones feministas han pasado por señalar la falta de espacios en el ámbito académico, artístico, político, etc. Buscando posicionar a las mujeres como sujeto privilegiado de los discursos científicos y políticos, mencionando la relación de las sujetas con los demás.

Una investigación comunicológica feminista
El estudio de la comunicación desde el feminismo debe pasar por reconocer en primera instancia a su sujeto epistémico concreto, las mujeres, como productoras y receptoras de discursos, y plantearse  objetivos de investigación que impliquen reconocer los sesgos y orientaciones de género en la producción de discursos políticos, institucionales, culturales o científicos, develar el sexismo, el doble estándar, las sobregeneralizaciones y los estereotipos que refuercen y reproduzcan la desigualdad y la opresión de las mujeres.
Una investigación comunicológica desde el feminismo debe preparar el terreno para la utilización de un discurso renovado, crítico del androcentrismo que prima en la academia. El resultado sería la creación de mecanismos comunicativos para lograr una representación eficiente de las problemáticas de las mujeres, de sus circunstancias cotidianas y su legitimación en el lenguaje tanto a nivel de uso cotidiano, como en el nivel especializado. En concreto: poner en común nuestra igualdad.

Posicionamiento teórico
El principio fundacional sobre el cual se basa mi curiosidad académica es que el lenguaje y el pensamiento se construyen en un continuo. A partir de ello afirmo que cada ser humano tiene la capacidad de elaborar su propio imaginario del mundo y sus interacciones con él, así como de expresar su propia circunstancia existencial dependiendo de las herramientas lingüísticas que cada sujeto posea. En un segundo momento, la fidelidad de la comprensión del discurso y las posibilidades de interpretación por parte de las y los receptores dependerán también  de los recursos lingüísticos que se tengan disponibles. ¿Cómo se adquieren estos recursos para la elaboración y comprensión de discursos? Por medio de la experiencia.
Si tenemos un bagaje de experiencias que pasa por alto la representación de las mujeres o que, aún peor, subraye la diferencia entre los sexos como el criterio primordial que escinde y jerarquiza a la humanidad, no seremos capaces de denunciar las injusticias del sistema, como tampoco seremos capaces de imaginar otras realidades posibles.
Es necesario que el trabajo a realizar pase por la búsqueda de experiencias que conduzcan a hechos concretos de posibilidades distintas de interacción entre las mujeres y el mundo. Estas experiencias deben ser reconocidas de entre el conjunto de relaciones que vemos cotidianamente para poder ser nombradas e insertadas en discursos que otorguen cualidades positivas a lo que incumbe a las mujeres, es decir, a media humanidad.
En el universo del discurso debemos también tener un lugar autónomo. Siguiendo la premisa enunciada anteriormente, el lenguaje y el pensamiento deben construirse orientando al sujeto, a las sujetas hacia la libertad de ser como una se piensa, como una tiene la capacidad de enunciarse.
Encuentro cabida a una posición teórica de la igualdad en cuanto al derecho a la libre determinación del propio discurso, y la libre inserción de dicho discurso en el universo simbólico humano. Dicho de otro modo, creo en la libre capacidad de circular las construcciones discursivas de las mujeres en el quehacer comunicativo, es decir, en esa actividad cotidiana que nos permite reconocernos como seres humanos.

Los medios: un campo de estudio necesario para el feminismo
El mundo en la segunda década del siglo XXI está determinado, entre otras cosas, por nuestra capacidad de producir mensajes y ponerlos en común –ergo, comunicarnos- cada vez con más gente, cada vez más rápido, a través de cada vez más canales.
Tenemos, además de las vías naturales insertas en el cuerpo, canales artificiales de comunicación cada vez más complejos, la Internet ha supuesto una revolución en los mecanismos de comunicación humana, el intercambio de ideas, prácticas y discursos en la tan llevada y traída aldea global.
Pero en el contexto mexicano, Internet no es aún el instrumento de comunicación por excelencia, si tomamos en cuenta la proporción de personas que pueden costearse los medios para conectarse a la red en un país con casi 60 millones de pobres.
La información de actualidad llega a la mayoría de la población mexicana por medio de la televisión. El acontecer del mundo y su narrativa se distribuye todavía a través de ese conjunto de filtros culturales que supone la industria televisiva, con las particularidades legales e ideológicas que hacen de sus contenidos productos sesgados por intereses de una cantidad casi ridícula (por lo ínfima) de personas. La industria televisiva está compuesta por una cúpula de propietarios varones blancos. Justamente ese sujeto hegemónico del que se articula el patriarcado. No debe sorprendernos entonces que los contenidos de la televisión abierta produzcan discursos que refuerzan la opresión de las mujeres y se encargan de reproducir un sistema en el que la representación de lo femenino está constituido únicamente por el imaginario patriarcal sobre las mujeres.
La industria televisiva es en nuestro país un símbolo construido por todo aquello que el feminismo critica: las prácticas monopólicas capitalistas, la moral basada en principios religiosos, la hegemonía patriarcal, el discurso androcéntrico, la falta de representación de las mujeres y la falta de espacios para las minorías. Estos son los discursos que consume la mayoría de la población mexicana.
A falta de un análisis más profundo de los contenidos de la televisión abierta, podemos vislumbrar dos tipos evidentes de discurso. El primero que se distingue es el narrativo, en el que se encuentran las series, telenovelas, reality shows y actualidad de celebridades. El segundo es el noticioso, del que se desprenden los noticiarios, programas de debate, y análisis de acontecimientos deportivos. Es interesante señalar que en el discurso televisivo en cuestión, la actualidad deportiva se presenta como información noticiosa –incluso forma parte de la segunda mitad de los noticiarios- y la actualidad de las celebridades se presenta como contenido narrativo –se presenta dentro del bloque comprendido por las telenovelas-.
El discurso narrativo tiene una función lúdica, pero sobre todo tiene una función pedagógica. Es a través de este tipo de discurso que se transmiten las formas sociales básicas aceptadas como el amor romántico, la familia convencional, la religión católica, la heteronormatividad,  la jerarquía racial y el modelo económico neoliberal (entre muchas otras). Las telenovelas son la herramienta pseudoliteraria de presentar, difundir y legitimar modelos de feminidad acordes con la moral dominante, sus costumbres, rituales y construcciones axiológicas. La telenovela se superpone a la tradición literaria oral y dispone de herramientas discursivas como la presentación del cuerpo femenino como objeto y como vehículo de la legitimación de los varones; la música, el lenguaje visual, el guión, la ubicación espacio-temporal de los personales, siempre fabulesca, fiel al antiguo modelo narrativo de la princesa pasiva, pobre y buena que es salvada por el príncipe rico, guapo y valiente, en donde los personajes secundarios o antagónicos son otras mujeres malvadas, animales antropomorfizados o determinaciones sociales/familiares como la orfandad o la pobreza.
Dentro del discurso narrativo tenemos también a los programas de actualidad de las celebridades, en los que se da cuenta de la vida profesional y personal de quienes trabajan para la industria. Se reportan los aspectos que refieren a cómo se acercan o se alejan del modelo hegemónico de la moral dominante: si se casan, se divorcian, son infieles, se realizan cirugías estéticas, alcanzan el éxito o el fracaso, ganan mucho o poco dinero.
El discurso narrativo se encarga de presentar contenidos relacionados con lo que en el sistema sexo-género se denominaría como eminentemente femenino: lo doméstico, lo emocional, lo privado, lo familiar, lo reproductivo.
El discurso noticioso es el que presenta el espectro masculino en el esquema de lo sexo-genérico: lo público, lo político, lo activo, lo racional, lo productivo. Los noticiarios y su agenda son organizados, producidos y presentados por varones adultos, y el contenido de las noticias da cuenta de un mundo manejado y protagonizado por el mismo tipo de sujeto. Las mujeres son siempre una excepción en el discurso, eventualidades por defecto, anécdotas de la anomalía. El discurso noticioso también establece aquello que es relevante en el ámbito público, gestiona prioridades y protagonistas, se vale de la ciencia androcentrista y valida la retórica de la opresión entre las clases. Otorga notoriedad, prestigio y presencia a los grupos dominantes y sus intereses. La población obrera, indígena o no católica obtiene representación cero.
Lo deportivo ostenta un lugar privilegiado dentro de los contenidos televisivos. Se ubica dentro de la parcela de lo noticioso, otorgándole una posición de gran relevancia a una práctica cultural masculinizada de competencia física entre varones. Los espacios deportivos se encargan de informar sobre el funcionamiento de las reglas del juego, la numeralia y los protagonistas de la competencia. En el contexto mexicano, el futbol es el deporte más importante, y su práctica obtiene atención desde lo local hasta lo internacional. No sólo se transmiten los eventos deportivos per se, sino que también se dedica un espacio considerable al análisis de cada uno de los resultados, se especula sobre posibles resultados posibles, se destaca a los sujetos relevantes en su práctica y es narrada por varones blancos o mestizos empapados de cultura deportiva, es decir, seres con autoridad sobre el tema. Las mujeres únicamente aparecen, de nuevo, por excepción. Se habla de las deportistas como casos extraordinarios, y las mujeres que comentan el deporte deben cumplir con la norma de aparecer a cuadro con poca ropa o ser símiles feminizados del comentarista masculino tradicional. Nunca veremos casos de deporte entre personas mayores, comentaristas indígenas, deportistas mujeres en sectores marcadamente masculinizados como el automovilismo. El deporte que practican personas con discapacidad es otra excepción, posiblemente cubierta por la naciente industria que necesariamente comienza a sostener a esta modalidad del deporte, o como recurso de expiación de culpas.
El discurso noticioso es entonces, un recuento de la épica masculina.

Reflexiones finales
He intentado reflejar con este ensayo la necesidad de atención teórica a las formas simbólicas que circulan a través de los medios de comunicación desde una epistemología feminista, tomando como eje conceptual a la representación.
Mi objetivo a posteriori es el desarrollo de un análisis crítico de los discursos que refuerzan la opresión de las mujeres en el contexto mediático mexicano, específicamente en la televisión abierta.
El reto es, en este caso, el desarrollo de una metodología que, desde el cruce entre la comunicología y el feminismo, sea capaz de poner en el centro a las mujeres como sujeto epistémico, y que en la práctica posibilite su visibilización, la desnaturalización de su opresión y la historización de los mecanismos que la excluyen de su representación en el discurso humano.










miércoles, 29 de febrero de 2012

¿Votar por una mujer?


Este año toca votar para elegir Presidente de la República, Diputados, Senadores, algunas presidencias municipales, gubernaturas y Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Las del 2012 serán las elecciones más grandes en toda la historia de la democracia mexicana. Desde comienzos del año  sabemos quiénes serán quienes  competirán para la presidencia, aunque la ley electoral establezca que aún no se puede llamar “candidatos” a los aspirantes y esto provoque que hayamos arrancado las campañas con una anticipación extrema, abusiva del espacio de reflexión de las y los ciudadanos, del espacio público (material e inmaterial) y del uso de los recursos que financian todos los movimientos de los partidos políticos y del IFE.
Sabemos entonces que hay dos candidatos y una candidata. Josefina Vázquez Mota no es la primera mujer candidata a la presidencia, pero sí lo es en cuanto a los tres principales partidos políticos, ni el PRI, ni el PRD ni el PAN habían jamás tenido a una candidata contendiendo por “la grande”. Y comienza el discurso electorero. Es a penas marzo, y aunque los programas de gobierno todavía no salen a la luz (a excepción de AMLO, más o menos), ya sabemos que el PRI va a contestar a todas nuestras preguntas “gobernando” y que hay que votar por Josefina Vázquez porque es mujer, como tu madre, como tu hermana, como tú, en el último de los casos.
Votar por cualquiera de los candidatos en función de su género es quizá una decisión tan mala como la de votar en función de la apariencia física, y me refiero con esto a que el voto femenino (esa derecho que las mujeres ejercen siempre tan irreflexivamente) ha sido alentado por el PRI con base en que Enrique Peña Nieto es guapo, o tiene una vida personal de telenovela.
Suponer que el hecho de ser mujer es garantía de que la candidata sea una buena gobernante a la postre es fruto de un pensamiento esencialista y patriarcal que atribuye cualidades estereotipadas a la persona en función de su sexo. Y es fruto de la ignorancia suponer que los méritos se alcanzan por defecto, y con esto me refiero al argumento también sonado de que hay que votar por JVM porque nunca hemos tenido una presidenta – y “México ya está listo”-. Cincuenta y nueve años después de que las mujeres adquirimos el derecho de votar y ser votadas, ya estamos listos. Esta idea es cuando menos poco halagadora.
Pero no quiero prestarme a malas interpretaciones. No es que votar por una mujer sea una tontería. Es evidente que históricamente el Estado Mexicano tiene una deuda con sus mujeres. Votar a Josefina Vázquez Mota, como a cualquier otro candidato teniendo en mente que deseamos una mejora en la calidad de vida de la mitad de la población tendría su lógica y su sentido si su programa de gobierno tuviera que ver en algo con el combate al rezago de las mujeres en todo aquello  que es responsabilidad del Estado.
Esto significaría, por ejemplo, paridad en el Congreso de la Unión y en todos los órganos de gobierno, incluyendo al gabinete presidencial, las policías y los tribunales; impulso a las iniciativas legislativas en materia de Medios de Comunicación y contenidos en prensa, radio, televisión públicas  para identificar y prevenir la violencia discursiva que se ejerce en contra de las mujeres (discursos morales o ideológicos que atenten contra la libertad de las mujeres o estereotipos que perpetúen la cosificación y la desigualdad); diseñar, instaurar y dotar de recursos a organismos e instituciones que vigilen el cumplimiento de los derechos humanos de las mujeres, incluyendo los sexuales y reproductivos; transformar el sistema educativo de manera que se provea a niñas y mujeres el acceso a la educación gratuita y laica, comenzando por la alfabetización total, pasando por una educación básica integral, una educación media que incluya el tema de la ciudadanía, mecanismos o herramientas financieras para alcanzar la autonomía económica y educación socio-afectiva (en lugar de sólo educación sexual), y una educación superior accesible, que permita compatibilizar el estudio con el trabajo, la vida personal y familiar; una ley laboral que contemple mecanismos de garantía de igualdad en los salarios (a méritos iguales, igual acceso al salario y a trabajo igual salario igual) y que proporcione instancias de cuidado infantil y de dependientes (personas enfermas o mayores).
A cualquiera que llegue a la presidencia debe exigírsele justicia para las víctimas de los Feminicidios en Chihuahua, en el Estado de México y demás entidades federativas, reparación del daño para las familias de las mujeres asesinadas y seguridad para quienes luchan por el esclarecimiento de los crímenes, como activistas y periodistas. En general, medidas eficaces para garantizar a niñas y mujeres una vida libre de violencia, esto incluiría por supuesto la eliminación de las redes de trata de personas y el fin de la guerra contra el narcotráfico, o al menos una estrategia no belicista.
Debe abolirse en todas las entidades federativas la criminalización del aborto y hacer de éste un servicio de salud pública libre, gratuito y seguro. Reconocer la diversidad y especificidad de las mujeres y reparar el rezago histórico en materia de derechos humanos de las mujeres indígenas, las presas, las trabajadoras sexuales, las lesbianas y las que ejerzan cualquier opción de diversidad sexual.
Hay mucho  qué hacer por las mujeres, muchas cosas más de las enunciadas. Candidatos y candidata: esperamos sus propuestas.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Modelos a seguir, modelos a elegir


Hace pocas semanas se conmemoró el aniversario 58 de la ciudadanía de las mujeres en México. Distintas instituciones y personalidades nacionales acostumbran a pronunciarse al respecto, se organizan eventos, se establecen programas, se recuerda a aquellas personas que intervinieron en esta lucha.
Es interesante pensar que en nuestro país aún vive una inmensidad de mujeres que al nacer no tenían derecho a ser ciudadanas mexicanas. En el mejor de los casos nuestras madres nacieron en el amanecer de la igualdad legal en México entre hombres y mujeres. Nuestras madres fueron educadas por mujeres que nacieron y crecieron sin el derecho a la ciudadanía, y a partir de esa generación la cuenta atrás se construye por personas que vivieron sus vidas en un mundo en el que la inferioridad de las mujeres era parte de la cotidianeidad.
La ciudadanía, término engañoso, no es únicamente pertenecer a tal o cual país, tener un pasaporte, votar o ser votada, sino que implica ser receptor de una serie de derechos y obligaciones en calidad de sujeto que vive en sociedad y participa en la construcción de su contexto. La ciudadanía tiene como eje fundamental el derecho a la toma de decisiones que afecten a la propia vida cotidiana. Ese poder de decisión que en México se obtiene al cumplir 18 años, le fue negado a la mitad de la población hasta 1953, durante el gobierno de Miguel Alemán. Hasta entonces, para efectos legales, las mujeres mexicanas eran consideradas menores de edad, infantes, incapaces de decidir.
Quienes nacimos después de la citada fecha hemos recibido una educación carente de modelos, de ejemplos a seguir en cuanto al ejercicio de la ciudadanía. En el cine y en la televisión observamos a mujeres cuyo ámbito de decisión aún se limita al arreglo personal, al ámbito doméstico o a las relaciones amorosas. Las excepciones a la regla gozan de una dudosa reputación cargada de connotaciones negativas. Un claro ejemplo de personajes ficticios con rasgos de independencia, autodeterminación o simple ruptura del modelo tradicional es Doña Bárbara, encarnada por María Félix en 1929. Esa Doña Bárbara, empleadora y propietaria, pero amargada y hostil, no era ciudadana del país que la engendró, no lo era si quiera la actriz que interpretó su papel en la época de oro del cine mexicano.
El modelo de ángel del hogar, madre abnegada, mujer de su casa, fiel esposa y pilar moral del núcleo familiar, ha sido la norma en la construcción de personajes típicos literarios, cinematográficos y televisivos, sin ningún interés por la vida pública, la polis, lo que ocurre más allá del dintel de la puerta.
Otro caso interesante es el de la Sra. Banks, integrante del movimiento sufragista, activista y progresista burguesa, ni más ni menos que la madre de los niños a cargo de la dulce y cantarina Mary Poppins. Fiel a la línea patriarcal anglosajona, Disney diseñó en 1963 la historia de un ángel del hogar de reemplazo para la casa familiar, que tuviera cualidades modélicas, como se describe en el propio argumento del filme: “dulce pero firme”, en contraposición a la mujer que por perseguir un ideal político abandona a sus hijos. Padre capitalista más madre abandonadora, igual a vacante para señorita guapa, bien vestida y con dotes histriónicas que además hace magia y es capaz de solucionarlo todo con un poquito de azúcar. Al final la Sra. Banks termina por utilizar una de sus bandas de propaganda sufragista como cola para la cometa de sus hijos. El discurso no está ahí por casualidad.
El modelo aquí utilizado no es más que una versión un tanto más elaborada de aquellos estereotipos largamente utilizados mediáticamente para reflejar el papel deseado de las mujeres en la sociedad: cenicienta (favorito mexicano), La Bella Durmiente, Blanca Nieves –por mencionar a historias protagonizadas por personajes femeninos- o Bambi, El Rey León, Mickey Mouse, Dumbo, en donde la ausencia de lo femenino hasta en la antropomorfia brilla por su ausencia, o su falta de relevancia argumental.
Hemos tenido la fortuna de nacer en un mundo de igualdad formal entre hombres y mujeres, pero seguimos criándonos entre estereotipos que en el mejor de los casos subrayan la desigualdad, y en el peor de los casos omiten la existencia de las mujeres en la vida pública, lo que imposibilita la igualdad vivida, la igualdad real.
La ciudadanía de las mujeres ha sido un asunto complicado de lograr, tanto que apenas tiene poco más de medio siglo que gozamos de este derecho. La ciudadanía, como concepto, fue creado por y para varones allá por la época de los clásicos. Ideas tan avanzadas como los derechos humanos excluían de sus beneficiarios a las mujeres, y aún ahora existen países, como los Emiratos Árabes Unidos, en donde las mujeres no gozan de derechos políticos. Y es que ser ciudadano o ciudadana no es fácil, como todo derecho conlleva responsabilidades, unas responsabilidades que podrían empezar por elegir sabiamente el tipo de mujeres a las que seguimos y admiramos, el tipo de discursos que nos ofrece esta sociedad saturada de información. Detectar, al menos por sentido común, aquello que nos representa.
En un país con catorce mil muertas (que no muertos) anónimas a cuestas, 1% de alcaldesas y solo 12% de mujeres representantes en el congreso, pero con 51% de mujeres en su composición demográfica, algo huele a desigualdad, a falta de representatividad. Sin caer en generalizaciones, es necesario reflexionar sobre qué denominadores comunes tenemos las mujeres de aquí y ahora. Se me ocurren algunos: constituimos entre todas, a la mitad de la población del mundo, si atendemos a las estadísticas, nueve de cada diez mujeres mexicanas ha padecido de violencia familiar o de género, por lo que casi todas conocemos de primera mano algún caso de maltrato o violencia contra mujeres; a todas nuestras ancestras les han sido negados derechos como la educación, la propiedad, la salud sexual y reproductiva; y por último: todas tenemos el derecho de ser ciudadanas. Aprendamos cómo ejercer este derecho. 

lunes, 1 de agosto de 2011

Gin (tonic) o un cuento muy corto


Ibas dejando cabellos sobre mi almohada. Cada uno con olor a ti, cada uno parte de ti. Cuando ya no estabas los recogí uno a uno hasta juntar un mechón que me recordara tus colores y tus olores. Después enterré mi nariz en las sábanas todo el tiempo que pude.

        El mechón lo guardé para siempre dentro de un libro bastante malo que habla sobre laberintos, ejemplar de mi pequeña galería del placer- horror de reconocer lo poco que me quedó de ti.

Balloon


Sometimes I think I can hear my brain working.
Sometimes I’m afraid I can feel my body working.
Sometimes I can taste my feelings going out of my mouth.
Sometimes I feel like I’m sweating life.
My face is so hot.
My memory is so tired.
I have a string that is on a girls finger,
She lets me go,  
air inside me, nothing more, nothing less
I fly full of nothing.
Is she sad because I am leaving?
Or because she lost the power to have me? 
Eyeless I wanna cry
Armless I wanna love
Feetless I wanna walk
I can only go up
to the void above my head.

domingo, 9 de enero de 2011

Honor a quien lo merece


Las festividades decembrinas han terminado. Hemos engordado y prometido desengordar, fumado y prometido dejar de fumar, bebido y prometido dejar de beber. L@s más afortunad@s hemos vacacionado, descansado, subido, bajado. El año arranca sin tregua, viernes 31 no deja mucho sitio para puentes largos. Quiero hacer mención de las grandes heroínas de las vacaciones navideñas: Las mujeres.
  • ·         Las que pusieron el arbolito, el nacimiento, las luces y demás decoración de temporada. (Mención especial a aquellas que además hicieron su propia decoración, que las hay y muchas).
  • ·         Las que han disfrutado/padecido que toda la familia esté de vacaciones en casa.
  • ·         Las que han invertido su aguinaldo en cualquier otra cosa que no son ellas mismas (deudas, tarjetas de crédito, regalos, ropa para los niños, etc.)
  • ·         Las que han preparado la cena de navidad y año nuevo, la sirvieron, decoraron y pusieron la mesa, recogieron, lavaron trastes y limpiaron desastres.
  • ·         Las que cocinaron y limpiaron para otros.
  • ·         Las que cuidaron a l@s niñ@s propi@s y ajen@s.
  • ·         Las que toleraron y cuidaron a parientes, conocidos o desconocidos pasaditos de copas.
  • ·         Las que de regalo de navidad recibieron electrodomésticos.
  • ·         Las que han recibido groserías, golpes o abusos por parte de sus amig@s o familiares, particularmente de sus propios esposos.

Propongo un ejercicio de imaginación por inicio de año, pensemos en qué sucedería si los hombres de familia, los hijos e hijas invirtieran la misma cantidad de esfuerzo y energía en las navidades como lo hacen las mujeres. ¿Cómo sería? ¿hombres cocinando? ¿Hombres limpiando? ¿Participando en la cena haciendo otra cosa que no sea comer? ¿Y si este año el propósito de año nuevo fuera participar más en los quehaceres de la casa? Vamos, ¡hombres del mundo! Los invito a formar parte de un gran regalo que dura todo el año: la co-responsabilidad.
Saludos y mis mejores deseos este 2011.

Texto publicado en la revista CAVEA del mes de enero.

sábado, 20 de noviembre de 2010

La tele ofende

No conozco a ciencia cierta el número de personas que cada año engrosan las filas de la pobreza extrema y la mendicidad en México, pero sí puedo observar que en mi ciudad hay más niñas y niños en las calles, chavitas de no más de quince años embarazadas, con bebés a cuestas, en los semáforos de Xalapa, ciudad capital "de la fidelidad por veracruz". Después de un año de no ver mi tierra encuentro que la situación se ha agravado, casi tanto como la imperiosa necesidad de colocar anuncios espectaculares que promocionan al gobierno estatal como si fuera un refresco. Anuncios rojos que venden chatarra.
Me encuentro con spots televisivos en donde aparecen respectivamente los gobernadores salientes de Veracruz y Oaxaca (!!!) hablando de lo bien que han hecho las cosas y podría asegurar que hasta con una sonrisilla macabra. Lo más grave no es ya que digan semejantes mentirotas, mientras se posan como edecanes sonrientes para las cámaras, lo más grave es la degradación de la conciencia del uso del espacio público para la promoción de gobiernos y gobernantes probadamente corruptos, represores e ineficaces, es decir, probadamente malos.
Fidel Herrera Beltrán y Ulises Ruiz, no solo no han sido juzgados y penados por los crímienes que se han cometido durante sus sexenios, sino que gozan del privilegio de aparecer en la intimidad de las  salas de ver tele (en el mejor de los casos), tan campantes. ¡Qué ofensa a la dignidad del pueblo!. Nuestro espacio público está prostituído, denigrado, se compra, se vende, se usa y se manipula para fines obscuros, para la apología de criminales, la mentira, la persecución de avaros delincuentes de cuello blanco. El espacio público, que en otras circunstancias serviría para la puesta en común de contenidos que reflejen y representen las necesidades e intereses de la gente, un vínculo mediático común para exponer nuestra diversidad, nuestra capacidad de organización, nuestra riqueza cultural. La tele podría ser un espacio de apoyo para las y los jóvenes y no para su descrédito, infantilización y ataque. La tele podría ser un espacio en el que las mujeres se vieran representadas como personas, sujetos complejos y no solo objetos de consumo y hornos de bebés que además planchan. La tele podría encargarse de difundir la sabiduría de ancianas y ancianos, valorar sus vidas y experiencias, en calidad de ciudadanas y ciudadanos y no de muebles. Podría mostrar al varón como parte del hogar, responsable común de su cuidado y el de quienes integran ese hogar, a la mujer como parte del panorama de la polis, del poder.
Mientras se argüendea en el congreso, se berrinchudea en los Pinos y se lamen bigotes en los partidos políticos, seguimos consumiendo lo que consumimos. Nos ofenden en nuestras propias casas, mientras comemos, mientras dormimos, mientras las niñas y los niños juegan. ¿Porqué lo permitimos?

miércoles, 27 de octubre de 2010

ENSALADA PATRIARCAL GRINGA A LA PLANCHA ... o la película de Facebook














 Ingredientes (para 4 adolescentes):

- Un personaje de moda bien fresco
- Salsa de pueblo en red social
- 300 gr. de director de cine
- Una cara conocida
- Dos o tres mujeres bien buenas (de razas varias)
- Gags (o humor en cubitos) al gusto
- Una lata de sueño americano

Preparación rápida:

Tome al personaje de moda fresco (seleccione un espécimen macho) y báñelo en salsa de pueblo previamente mediatizada. Déjelo reposar por dos o tres años en una red social. Una vez marinado, potencie su sabor con una cara conocida, puede utilizar cualquier celebridad noventera, por ejemplo Justin Timberlake.

Sale la mezcla con gags sobre la acaudalada, inquietante e intelectualmente retadora vida estudiantil en Harvard. Sofría con historias de éxito y carretonadas de dinero gringo (ambas pueden encontrarse mezcladas, busque American Dream en lata en el supermercado). Acompañe con el nombre de un oscarizado director de cine.

Para servir añada dos o tres mujeres buenonas , procure que éstas sean de razas variadas, pues la guarnición debe ser vistosa y llamativa, pero tenga especial cuidado de no darles parlamentos relevantes o inteligentes, esto opacaría el sabor del protagonista (¡y qué oso!). En lo posible trate de no dar nombre propio a ningún personaje femenino.

Cómase en compañía de su adolescente feisbuquero más cercano.

¡Bon appetit!

(Texto publicado en la columna Gabietas de la Revista CAVEA ed. Noviembre 2010).

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Algunos Moneros Mexicanos Chidos

 



(Recopilación extraída del períodico La Jornada)

martes, 14 de septiembre de 2010

"Nadie ama a su patria por ser grande, sino porque es suya."
                                                                                 -Séneca

viernes, 27 de agosto de 2010

Revolucionarias: Lo personal es político, y ha sido revolucionario.

Se acerca esa fecha fantasmagórica que se viene anunciando por las élites como un motivo de celebración para las mexicanas y los mexicanos. El famosísimo bicentenario (contra las momias de Guanajuato). Bicentenario, más que una palabra parece una cajita, en donde tienen que caber todos los cuetes, todas las luces, todas las fábulas y las fiestas, porque de repente hay que abrir la cajita, hay que celebrar y celebrar y seguir celebrando.
La pregunta no es novedosa ni mucho menos original, y aún así me sigue rondando la cabeza. ¿Qué celebramos?.
Macabramente se organiza la carísima pirotecnia en medio de la muerte. Suena más fuerte la música que nos remite al escándalo, al grito mariachil, a la fiesta envuelta de euforia patriotiquera -esa sangre caliente que todos hemos sentido alguna vez, y el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra-.
Independencia y Revolución. Y el discurso hegemónico ordena cómo sentirnos al respecto. Es poca y sesgada la información que el sistema comparte con los ciudadanos sobre estos eventos, pero es prácticamente nulo el esfuerzo por invitar a la reflexión sobre dos procesos que de sencillos nada tuvieron.
¿Porqué es tan importante la revolución mexicana? ¿Qué hemos aprendido de ella? ¿Quiénes participaron?
No solamente aquellos que figuran en las listas de adalides nacionales. La población  peleó en una explosión de inconformidades extendidas en la tierra y en el cuerpo. Ese monstruo de descontento fue aplacado a traición, con base en concesiones (que no negociaciones) para los gringos, los burgueses, los políticos, los militares, pero para el pueblo no. ¿Suena conocido?
Se seguirán exhibiendo fotografías, nombres y mitos, casi todos masculinos, sobre los hombres que conviene que recordemos. Frases célebres, maneras de vestir, balazos y carrilleras. Adelitas, caballos y muertos y muertos y muertos. Y entre esos mismos muertos los propios líderes revolucionarios. Primero Madero y Pino Suárez a manos de Huerta. Luego Zapata por órdenes de Carranza, éste último de muerto por Álvaro Obregón. Y Obregón mató a Pancho Villa, y luego Calles mató a Obregón. Cadena -masculina- de asesinatos a traición. Junto a esta corta lista de celebérrimos apellidos una cifra algo engañosa de millón y medio de vidas en poco más de diez años de guerra.
Y aprovechando la inercia que viene con el VICENTE-NARIO aprovecho para preguntar ¿quién habla de las mujeres?. No sorprende que se les invisibilice, es una práctica común en los procesos de guerra. El conglomerado mediático Televisa/Gobierno Federal en conjunción con el Instituto de la Mujer ha lanzado una escueta campaña a penas informativa en forma de spots que describen el papel de algunas mujeres que participaron en el proceso revolucionario. Pero nada más. ¿Pudo existir la Revolución Mexicana sin la participación activa de las mujeres? ¿En qué medida contribuyeron estas mexicanas de hace un siglo a la voluntad nacional de cambio? Más allá de su participación como mensajeras, soldadas, cuidadoras valientes y asistentes de los guerrilleros pensemos en qué pasaba en el ámbito doméstico al que más entonces que ahora estaban remitidas nuestras compatriotas. Un ámbito que se mantiene invisible, pero que aún así estaba ahi, como ha seguido estando. El nido donde se gesta la desigualdad, la caja negra que no registra ningún daño estructural.
Hoy las mexicanas gozamos de mayores libertades y derechos que hace cien años, pero no cabe duda que las aberraciones siguen ocurriendo. Encima de la opresión de clase, que es altamente visible, tenemos la de género, de la que ni siquiera se habla. Tenemos al día de hoy 14 mil muertas en Ciudad Juárez, una veintena de mujeres encarceladas en Guanajuato por abortar. Una iglesia católica que prohibe el condón y que condena la adopción de niños por parejas del mismo sexo. Cientos de mujeres vejadas y asesinadas a manos del ejército y el crimen organizado en las comunidades más alejadas del país, genocidios en comunidades indígenas que no paran -recordemos el último, en San Juan Copala, solo esta semana-, y las miles de mujeres que son privadas de la vida y la integridad en su intento por pasar el filtro mexicano en la frontera sur, violadas, golpeadas, torturadas, contagiadas de VIH-SIDA cuando no muertas.
México tiene una deuda grande con el pueblo en términos de las revindicaciones revolucionarias, pero la deuda histórica que se tiene con la mitad de la población, las mujeres, sigue estando ahí desde el orígen, sin celebraciones bicentenariosas ni nada de nada.

viernes, 2 de julio de 2010

Las mujeres votarán.

Dicen los que saben que más de treinta millones de personas van a salir a votar este domingo. Entre balazos, machetazos, amenazas, mentiras y merchandising de colores México "celebrará" elecciones en catorce estados. La mitad de estos votantes, casi dieciséis millones de personas que votarán, son mujeres. La mitad de la fuerza del sufragio nacional, es el voto femenino.

Las mujeres tenemos derecho a votar en México desde octubre de 1953. Treinta y seis años pasaron antes de que se llevara a la práctica el mandato constitucional que desde 1917 señalaba que todos los mexicanos son iguales ante la ley. Cerramos la primera década del siglo veintiuno cuando tristemente poco más se ha logrado para decir con justeza que las mexicanas somos ciudadanas de la misma clase que los varones, aunque hay que decir que lo que se ha logrado, por la dificultad de las circunstancias, es de gran valor.
Conviene conocer los flagelos sociales que sufren las mujeres en México, conviene hacer una lista y dos y tres, y mil. Conviene hablar de ello con quien se deje, publicarlo, denunciarlo, pero por sobre todo, querida diaria, reconocerlo nosotras mismas.

¿Cuál es la situación actual de la mitad de la población en México? No muy distinta a la de la mitad de la población del mundo, pero hagamos algunas, sólo algunas precisiones:

- El 70% de la población pobre de México es femenina.
- 23 millones de familias mexicanas tienen como cabeza a una mujer, y aún así:
- 53% de los varones en México NO está deacuerdo con que las mujeres trabajen.
- El salario de las mujeres mexicanas es 14% inferior al de los hombres por un trabajo igual.
- 8% de la población mexicana no sabe leer ni escribir, más de la mitad son mujeres.

¿Qué piensan hacer los políticos mexicanos por remediar, digamos, el analfabetismo femenino? El Diputado Tonatiuh Bravo Padilla, declaró en 2009:
"Esto es importante reconocerlo, pues cuando en una familia la madre es analfabeta se refleja en sus hijos en el bajo rendimiento o en la deserción del sistema escolar" (Fuente: El Universal)

Entonces la razón primordial por la que una mujer debe saber leer y escribir es el bien de los hijos. De nuevo el argumento de que el ser femenino debe ser por y para el otro. ¿Qué contestaría el mismo diputado (o cualquiera) a la pregunta de por qué es necesario erradicar el analfabetismo en los varones? Les aseguro que la respuesta sería muy distinta, al menos los otros comenzarían a aparecer más abajo en la lista de prioridades.

De acuerdo con el argumento del Diputado Tonatiuh, si los niños abandonan la escuela es porque su analfabeta madre no supo darles elementos para que se quedaran. De nuevo los pobres son pobres porque quieren, pero también por que las mujeres tienen la culpa.

Seguimos creyendo que si las mujeres gozan de la protección de las leyes, o de los beneficios de la ciudadanía, o del espacio público (llámese escuela, trabajo, salud, ocio, etc) esto debe estar siempre motivado por un bien mayor, los hijos, la familia, Dios, pero nunca ella misma. Pensar en una como individuo, como sujeto pensante, deseante y suceptible de inconformarse legítimamente es un pecado, un acto egoísta, una exageración.

No, querida diaria, México no está ni cerca de ser un Estado democrático, por muchas razones, la que nos ocupa el día de hoy: porque la mitad del pueblo es desigual de facto. De facto como las leyes que penalizan el aborto en 17 Estados de la ¿República?. De facto como las 14 mil (CATORCE MIL) personas que fueron torturadas, violadas, asesinadas y abandonadas en Ciudad Juárez.

Ya expresé en ocasiones anteriores mi rechazo a la farsa electoral del próximo domingo. Aún así muchas mujeres a las que conozco y aprecio piensan distinto. Con mucha convicción ciudadana (y mucha valentía) irán a votar y esperarán que se respete su voto, esperarán una mejoría en sus vidas. Esto no solo es muy respetable, sino digno de admiración. Lamento no encontrar un sólo candidato, un discurso, un sólo lineamiento de voluntad política que pueda hacer esa ilusión realidad. Y es que lo que nos dice la historia es que en nuestro país los logros ciudadanos para las mujeres llegan, como diría mi abuela  "tarde -treinta y seis años tarde- y mal".

Fuentes consultadas:
http://www.eluniversal.com.mx/notas/580330.html
http://sepiensa.org.mx/contenidos/voto/voto1.html
www.undp.org.mx/desarrollohumano